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ARTICULO 20º
Curado del hormigón
Durante el fraguado y primer período de endurecimiento del hormigón, deberá asegurarse el mantenimiento de la humedad del mismo, adoptando para ello las medidas adecuadas. Tales medidas se prolongarán durante el plazo que, al efecto, establezca el Pliego de Prescripciones Técnicas Particulares, en función del tipo, clase y categoría del cemento, de la temperatura y grado de humedad del ambiente, etc.
El curado podrá realizarse manteniendo húmedas las superficies de los elementos de hormigón, mediante riego directo que no produzca deslavado o a través de un material adecuado que no contenga sustancias nocivas para el hormigón y sea capaz de retener la humedad. El agua empleada en estas operaciones deberá poseer las cualidades exigidas en el Artículo 6º de esta Instrucción.
El curado por aportación de humedad podrá sustituirse por la protección de las superficies mediante recubrimientos plásticos u otros tratamientos adecuados, siempre que tales métodos, especialmente en el caso de masas secas, ofrezcan las garantías que se estimen necesarias para lograr, durante el primer período de endurecimiento, la retención de la humedad inicial de la masa.
Si el curado se realiza empleando técnicas especiales (curado al vapor por ejemplo) se procederá con arreglo a las normas de buena práctica propias de dichas técnicas, previa autorización del Director de Obra.
En general, el proceso de curado debe prolongarse hasta que el hormigón haya alcanzado, como mínimo, el 70 por 100 de su resistencia de proyecto.
Comentarios
De las distintas operaciones necesarias para
la ejecución de un elemento de hormigón, el proceso de curado es una de las más
importantes por su influencia decisiva en la resistencia y demás cualidades del
hormigón resultante.
Como término medio, resulta conveniente
prolongar el proceso de curado durante siete días, debiendo aumentarse este
plazo cuando se utilicen cementos de endurecimiento lento o en ambientes secos
y calurosos. Cuando las superficies de las piezas hayan de estar en contacto
con aguas o filtraciones salinas, alcalinas o sulfatadas, es conveniente
aumentar el citado plazo de siete días en un 50 por 100 por lo menos.
Un buen procedimiento de curado consiste en
cubrir el hormigón con sacos, arenas, paja u otros materiales análogos y
mantenerlos húmedos mediante riegos frecuentes. En estos casos, debe prestarse
la máxima atención a que esos materiales estén exentos de sales solubles,
materia orgánica (resto de azúcar en los sacos, paja en descomposición, etc.) u
otras sustancias que, disueltas y arrastradas por el agua de curado, puedan
alterar el fraguado y primer endurecimiento de la superficie del hormigón.
Entre los distintos métodos de curado
acelerado utilizables, resultan especialmente aconsejables, sobre todo en el
caso de elementos prefabricados, los procedimientos de curado por calor y,
entre estos, el de curado al vapor. Cuando se utilicen estos métodos, la
velocidad de calentamiento y enfriamiento deberá controlarse adecuadamente para
evitar que el hormigón sufra choques térmicos. El tratamiento no podrá
iniciarse en tanto no haya transcurrido un determinado período de tiempo,
denominado de prefraguado. Presenta también especial interés el procedimiento
de curado por inmersión sobre todo si el agua se mantiene a temperatura
adecuada y constante. En caso contrario, el tiempo de inmersión varía con la
temperatura ambiente.
En el curado por calor conviene tener en
cuenta el concepto de «maduración», es decir, el producto de la temperatura, en
grados centígrados, a que se somete la pieza, por el tiempo durante el cual
actúa esta temperatura, si está constante; o la integral del gráfico
temperatura-tiempo en el caso de temperatura variable.
Se admite que, para una misma calidad de
hormigón, el efecto del curado será el mismo siempre que su maduración sea
también la misma. Es decir, que distintas combinaciones de temperaturas y
tiempos, darán el mismo resultado siempre que su producto sea constante.
Como fuente calorífica para el curado por
calor se utiliza, principalmente, la calefacción eléctrica, o el agua o aceite
calientes.
El proceso de curado al vapor se iniciará una
vez transcurrido el período de prefraguado, elevándose gradualmente la temperatura,
a partir de este momento, hasta alcanzar la temperatura limite. Esta
temperatura se mantendrá durante un cierto plazo, finalizado el cual se hará
descender de forma continua hasta igualar la temperatura ambiente.
Cada cemento tiene una curva de curado ideal
que deberá determinarse experimentalmente. De esta forma se podrán conocer los
ritmos óptimos de aumento y descenso de la temperatura, así como el tiempo de
permanencia a la temperatura límite, y el valor de la misma. En general, el
período de prefraguado oscila entre dos y cuatro horas; la velocidad de
calentamiento o enfriamento no debe exceder de 20º C por hora, y la temperatura
límite no será superior a 80º C.
La presión del vapor y la temperatura se
mantendrán lo más constantes y uniformes posibles a lo largo de la pieza, y el
recinto de curado se conservará, en todo momento, saturado de humedad.
Con respecto al procedimiento de curado por
inmersión puede indicarse, a título puramente orientativo, que el tiempo de
inmersión oscilará entre tres y siete días.
Para los casos de empleo de técnicas
especiales en el articulado se remite a las normas de buena práctica de tales
técnicas, por tratarse de procesos en evolución continua, para los que es
difícil dar reglas generales.